CIERTOS ANTICUADOS PREJUICIOS volvieron aprensivo a Zurano a la hora de hacer el amor en el lecho matrimonial de unos suegros que no sabían que lo eran, pero su joven amante no tardó en convencerle y así, durante un par de horas, disfrutó el detective de unas caricias y unos besos que, a ratos, le supieron demasiado a indemnización.
Cuando despertó Zurano, ya hacía tiempo que había oscurecido. Javi seguía abrazado a él obligándole a permanecer en una posición protectora pero no del todo cómoda. Calculó el detective las posibilidades que tenían de levantarse al servicio sin despertarle y, como las encontró reducidas, se esforzó en demostrarse que su vejiga no había desaprovechado el entrenamiento durante las largas vigilancias a las que estaba obligado por su oficio.


